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La protesta constitucional del presidente

La protesta constitucional del presidente
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Jaime Calderón

La democracia moderna resuelve la contradicción entre la libertad individual y la voluntad de la mayoría

mediante el recurso al relativismo de los valores y el respeto al pluralismo de las opiniones”

 Octavio Paz, 1991.

 

El Artículo 87 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos dice: “Artículo 87.- El Presidente, al tomar posesión de su cargo, prestará ante el Congreso de la Unión o ante la Comisión Permanente, en los recesos de aquél, la siguiente protesta: “Protesto guardar y hacer guardar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanen y desempeñar leal y patrióticamente el cargo de Presidente de la República que el pueblo me ha conferido, mirando en todo por el bien y prosperidad de la Unión; y si así no lo hiciere que la Nación me lo demande”.

En 2012 el ahora expresidente Enrique Peña Nieto fue incapaz de leer completamente la protesta.

El sábado pasado Andrés Manuel López Obrador protestó como Presidente de los Estados Unidos Mexicanos y tampoco leyó exactamente el texto constitucional, ya que añadió que el cargo que le confirió el pueblo fue “de manera democrática”.

Esto merece una primera reflexión: desde un principio al Licenciado Peña Nieto le faltó contenido y realización a su trabajo, en tanto que el Presidente López Obrador promete mucho, por lo que la ciudadanía estará atenta a que no quede en simples palabras sino que se cumplan y se cumplan de manera legal y bien.

La protesta no es un acto constitutivo de inicio de gestión y las obligaciones del Presidente. Incluso el expresidente Lázaro Cárdenas rindió protesta el 30 de noviembre, un día antes de iniciar su gestión.

Las responsabilidades para el Presidente  inician al primer minuto del uno de diciembre (hasta este periodo presidencial, ya que los que sigan serán el primero de octubre, en los términos del Artículo 83 de la Carta Magna).  Los Secretarios y demás encargados, comienzan a despachar en ese momento. El país no se puede quedar sin titular del Ejecutivo unas horas.

Por ello considero que este acto, sin perder su carácter de exigencia constitucional, no incide en el momento en el que sucede el cambio de poder.

En este sentido la protesta es un acto solemne, pero es declarativo y protocolario y sin duda, de gran interés político.

En esta ocasión, el “guardar y hacer guardar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanen”, reviste un significado importante, pues derivado del reciente proceso electoral el Presidente es del mismo partido que domina las Cámaras Legislativas y eso conlleva un gran poder y responsabilidad.

Los resultados de la democracia no están libres de desafíos y finales inesperados, ejemplos sobran:

En el Reino Unido la votación  a favor de la salida de la Unión Europea, hoy con las consecuencias y arrepentimientos respectivos.

En Francia les preocupa la sobrerrepresentación del partido de Macron, República en Marcha, en la segunda vuelta electoral para la constitución de las Cámaras.

En los Estados Unidos de Norteamérica el sistema de elección presidencial indirecto ha dado un resultado tan negativo como que Trump con 3 millones de votos menos sea hoy su presidente, con una gestión muy cuestionada pero que afortunadamente ha encontrado un alto en la eficacia e independencia del poder legislativo y judicial del ejecutivo, que ojalá tengamos en el país.

En México utilizamos el método de elección directa para escoger Presidente, Diputados y Senadores de mayoría, aunque también tenemos en la integración de ambas Cámaras el indirecto, los llamados plurinominales.

Los resultados que arrojó la jornada electoral dieron las más altas votaciones de las últimas elecciones a favor de Morena, hoy el partido en el poder, lo que plantea un gran desafío para la preservación no solo del Estado de derecho, sino también de la legitimidad política para gobernar.

Considero que el Presidente López Obrador debe evitar:

  1. Ordenar los ajustes necesarios a la Constitución y las leyes que de ella emanen a efecto de gobernar a la medida de sus deseos, de lo contrario va a comenzar a dilapidar su capital político. El sometimiento del Congreso, uno de los contrapesos naturales del Ejecutivo, que expida leyes hechas a modo, bajo pedido, incluso con beneficiarios concretos como en el caso de Paco Ignacio Taibo II y la Ley Federal de Entidades Paraestatales.
  2. Realizar Consultas Ciudadanas al margen de la Constitución y las leyes. La democracia participativa es muy importante y bienvenida pero debe fortalecerse desde el Estado de derecho. No se puede mejorar la democracia incumpliendo las normas.
  3. El perdón a los corruptos. El Presidente no debe decidir sobre el cumplimiento de las leyes penales y responsabilidades de los servidores públicos.
  4. El debilitamiento del federalismo y la soberanía de las entidades federativas por medio de los superdelegados. En realidad éstos podrían crear una estructura paralela que concentre el poder de manera indebida en el Presidente, lo que me recuerda a los entonces jefes de departamento de la República centralista del siglo XIX, no obstante que los Gobernadores en funciones han sido electos en las urnas de manera democrática.

En otras palabras el Presidente, no obstante la aceptación tan grande que tiene, no deberá sentirse habilitado para gobernar de manera voluntarista, por decretos, con base en el respaldo popular, desdeñando el cumplimiento estricto de las normas jurídicas.

Es deber del Presidente López Obrador reconocer en México un país plural y admitir su obligación de gobernar para todos. La victoria electoral, por holgada que sea, no significa una involución que justifique cambiar a capricho las estructuras económicas, políticas y jurídicas. En la historia se encuentran ejemplos de lo desastroso que es actuar de esta manera. Debe imperar la prudencia y mesura de la ley. México es un país democrático. El Presidente tiene todo para lograrlo, ojalá entienda su momento y contexto histórico. La democracia, como diría Octavio Paz, es el régimen de las opiniones relativas.

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