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La rebelión en la granja Morena

La rebelión en la granja Morena
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Javier Ramírez

Disculpa no pedida, culpa manifiesta, reza el refrán sobre quienes dan una explicación de su proceder sin que nadie se la haya pedido; esto, claro, a sabiendas que hicieron algo indebido.

Abrazo no espontáneo, claro distanciamiento, podría ser la recomposición del famoso refrán para explicar la foto que llegó la semana pasada a los chat de los reporteros donde se ve a los morenistas Dolores Padierna, Mario Delgado y Porfirio Muñoz Ledo.

Resulta que Padierna, vicepresidenta de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, protagonizó un bochornoso e innecesario episodio cuando concluyó la comparecencia de José Antonio González Anaya, secretario de Hacienda y Crédito Público, ante el pleno del recinto de San Lázaro.

Padierna, y Muñoz Ledo habían acordado en el seno de la Mesa Directiva, y a petición del petista Gerardo Fernández Noroña, que la última palabra en las comparecencias la diera el Poder Legislativo, y no el Ejecutivo.

Es decir, que el mensaje final luego de acudir a la glosa del sexto informe fuera de un diputado y no de un secretario.

El acuerdo pasó de noche para el diputado Mario Delgado, lo cual no habría importado, salvo por un pequeño detalle. El legislador es el presidente de la Junta de Coordinación Política, la famosa Jucopo, que es otro de los poderosos órganos dentro de la Cámara de Diputados, donde se ponen de acuerdo todos los coordinadores de todas las bancadas. Nada más, ni nada menos.

Y si a ello se le agrega el lamentable protagonismo de la esposa de René Bejarano, quien ostentando la vicepresidencia de la Mesa Directiva dio un mensaje, no institucional, como debió hacer, sino un posicionamiento como integrante de un partido político, pues exaltó los ánimos.

Padierna sacó su versión impositiva e intransigente.

“A ver, perdóneme, aquí doy yo la palabra y estoy en el uso de la palabra, usted no me puede interrumpir.

“Pido a los diputados guardar silencio, guardar compostura, sentarse, porque este fue un acuerdo de la Mesa Directiva, íbamos a concluir con la intervención del diputado (Alfonso) Ramírez Cuéllar porque estamos en el Poder Legislativo y el Poder Legislativo es el último que tiene la palabra, no el Poder Ejecutivo, por eso estoy hablando yo a nombre del grupo mayoritario en esta Cámara… ruego a los diputados del PRI guardar silencio y sentarse en sus sillas.

“A ver, guarden silencio y siéntense”, espetó a los priistas, y por más manotazos al aire y gritos que daban éstos, Padierna concluyó su mensaje como le dio la gana.

Para ese entonces -le haga caso o no, y le guste o no- su líder, Mario Delgado, le aventó desde su curul un extrañamiento por no seguir el acuerdo de la Jucopo, y cómo no, si a nadie se le ocurrió avisarle, ni formal ni informalmente, que hubo otro acuerdo distinto en la Mesa Directiva.

El caso es que el llamado de Delgado de nada sirvió, ni en Padierna ni en el resto de la bancada de Morena, que se regocijaban en los reclamos de la vicepresidenta y los remataban con gritos de chillones a los del PRI.

Cada quien con su cada cual y haciendo lo que a su modo entendía como apoyo a su bancada o a su causa personal.

Por eso la foto al otro día, Delgado abrazando a Padierna, y Porfirio como testigo; por fortuna nadie de los morenos fue tan osado para proponer una donde se viera a Fernández Noroña tomando la fotografía.

Y eso que apenas llevan un mes, y son tres años de legislatura.

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