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Mala comunicación en el GCDMX

Mala comunicación en el GCDMX
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Carla María

El gobierno de Claudia Sheinbaum está muy cerca de cumplir 50 días de trabajo, tiempo suficiente para saber que la curva de aprendizaje de secretarios y funcionarios será larga y va más allá de lo estrictamente administrativo, alcanza el tema de la comunicación.

Sin duda, la comunicación es uno de los retos más importantes de cualquier gobernante. Para confirmarlo basta sólo preguntarle a Miguel Ángel Mancera, quien recientemente dejó la jefatura de gobierno, Enrique Peña Nieto o a cualquiera de tantos gobernadores que restaron importancia a la comunicación y terminaron pagando muy caro el precio de ese desdén.

Y no se trata sólo del dinero que se le destina al pago de difusión en medios de comunicación —lo cual será tema de otro texto—, sino de la estrategia de comunicación gubernamental, que con frecuencia los nóveles políticos y funcionarios tienden a minimizar e incluso a desdeñar.

No basta que un grupo llegue al gobierno respaldado por un elevado número de votos y un amplio margen de aceptación. Al contrario, precisamente ello obliga a que el nuevo gobierno realice desde el principio un trabajo muy fuerte para dar a conocer sus acciones.

De poco sirve a un gobierno contar con las mejores expectativas de la gente si al fin del día no logra comunicar adecuadamente lo que hace. Si no da seguimiento a las medidas anunciadas durante los 100 primeros días o si se lanzan acciones simuladas, si no se le ve en las calles y se le siente en la vida cotidiana, tarde o temprano la ciudadanía protesta y retira su confianza.

En el caso del gobierno de Claudia Sheinbaum ella optó por una política de comunicación que pareciera una copia de lo que hace el presidente de la República, esto es, dar una conferencia de prensa matutina todos los días, con lo cual los mensajes y anuncios principales se centran en la figura de la jefa de gobierno, acompañada por los funcionarios de las áreas mencionadas.

Con esto algunos funcionarios, como la procuradora, Ernestina Godoy, el secretario de Seguridad, Jesús Orta, o la titular de Gobierno, son los que en teoría deben tener mayor presencia, dejando en el anonimato a otros funcionarios como la titular de Desarrollo Social, o Salud, que además de no comunicar en medios tampoco lo están haciendo en redes y mucho menos a la ciudadanía, por lo que al parecer serán funcionarios de escritorio.

La estrategia de centralizar la comunicación, como en el caso del gobierno federal, significa que la única autorizada para hacer anuncios es la propia jefa de gobierno, dejando a los secretarios de gabinete en un segundo plano. El problema es que Sheinbaum no tiene ni la personalidad ni el carisma de López Obrador y no sabemos si podrá mantener todo el sexenio este mismo esquema de comunicación.

Hablando del mensaje, si Sheinbaum insiste en ser ella la que haga todo en materia de comunicación y nadie más se mueva, no sólo tendrá un desgaste de imagen y discurso, sino que comunicará otra cosa: el mensaje será que al gobierno lo sostiene una mujer, y el gabinete es más de ornato que de acompañamiento.

Además, sin proponérselo estará quitando a esos secretarios la posibilidad de crecer y en momentos de crisis ayudarla a contener. Cierto que hace falta entrenamiento de medios en más de un funcionario, pero lo que más se necesita es saber cómo el gobierno va a comunicarse con la ciudadanía, y eso no se da ni con conferencias de prensa ni con audiencias a las que acuden sólo 30 o 60 personas, porque estamos hablando de una ciudad de más de ocho millones de habitantes.

El domingo de la semana pasada, en plena crisis por el abasto de gasolina, una fotografía de los funcionarios de movilidad en conferencia de prensa sirvió para mostrar el problema que desde hoy ya tiene el gobierno de la ciudad, y es que se comunica mal, tanto en el nivel del discurso, como en el del mensaje y la postura física. El gobierno apenas comienza y hay tiempo para prepararse, pero si no se atiende ahora, la dinámica de la ciudad ganará, y luego puede que sea ya demasiado tarde.

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