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Ni ‘enfant’ ni terrible

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Por Jorge Samuel del Villar

Sin lugar a dudas, Jorge G. Castañeda ha sido una pieza clave en el México contemporáneo.

Hace tres décadas no se podía criticar al presidente de la República, ni a su esposa, porque había represalias que podían literalmente incluir la desaparición forzada. Vivíamos sin tener un sufragio efectivo. Debido al proteccionismo, las empresas mexicanas no tenían ni la menor posibilidad de competir con las estadounidenses.

Castañeda participó en el movimiento de 1988, parteaguas en la democracia mexicana; tras el asesinato de Colosio, fundó un inédito grupo, San Ángel, para garantizar la transparencia de la elección del ‘94, (época en la que el secretario de Gobernación presidía la institución electoral). Fue el primer secretario de Relaciones Exteriores y de los hombres más influyentes en el primer gobierno de alternancia; clave en la Ley Indígena y en la posibilidad de la Caravana Zapatista; propulsor del nuevo entendimiento nacional con respecto a los Derechos Humanos y, por supuesto, padre de la posibilidad de las candidaturas independientes.

De acuerdo a su tipología de personalidad, Castañeda es de marte, guerrero, energético. Mientras que su glándula dominante es la suprarrenal, su glándula subsidiaria es la pituitaria anterior, lo que le brinda maestría en el entendimiento, interpretación, creación dentro del mundo de las ideas. Energético- racional, una buena mezcla… cuando se sabe dominar el carácter. Lo que pierde a los de este tipo es la ira, la impulsividad, la necesidad de mandar y controlar.

A lo largo de su vida pública, a Castañeda lo tacharon de ‘enfant terrible’, ese arquetipo del niño pródigo que no logra madurar emocionalmente, reminiscencia ineludible de los “poetas malditos”, niños y genios, como Rimbaud o Mallarmé. Y para reforzar al arquetipo, Castañeda siempre será el hijo de Don Jorge Castañeda, padre.

Con tan sólo 47 años de edad, Castañeda despertó un día siendo de las personas más poderosas del país. A los 49 estaba de vuelta en su casa por haberle puesto un ultimátum al Jefe de Estado: Me nombras secretario de Gobernación o Educación o renuncio. Sentía que nada tendría que perder, pues siempre ha sido muy bien cotizado en prácticamente cualquier universidad del mundo.

Los ciclos de la vida tienen un efecto poderoso en la tipología humana. No es lo mismo un arrojado guerrero marcial con 40 años, que 20 años después. En estos tres sexenios, Castañeda parecería haber madurado en carácter. Ese hombre arrojado y tempestuoso parece haber evolucionado a un hombre de Estado.

Es bueno saber que un posible próximo presidente tiene a Castañeda cerca. Anaya ha adoptado con puntos y comas lo que Castañeda ha defendido durante años y décadas en materia de política exterior. Lo más importante que Jorge Germán tiene que aportar (lo cual prácticamente ningún político tiene) es un concepto sólido de Estado.

El sistema socio/político/económico se tiene que reinventar, a partir de un conocimiento académico, científico, de lo que somos en este preciso momento de la historia universal. La nación requiere mucho más que simplemente pasar reformas estructurales en el Congreso e implementarlas. La idea de la Nación-Estado Mexicana se intuye y se crea. Castañeda, junto con su pareja sentimental, Héctor Aguilar Camín, lleva décadas dedicado a entender lo que somos y a lo que debemos aspirar en este preciso momento del espacio y del tiempo.

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