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POLIGRAFO POLÍTICO / Triste 8 de marzo

POLIGRAFO POLÍTICO / Triste 8 de marzo
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Carla María Petrella

El gobierno federal anunció que entregará de forma directa apoyos a las mujeres víctimas de violencia en todo el país,  con el objetivo de no dejarlas sin atención, pero reiteró que el dinero público no llegará a ninguna organización ni albergue, esto a pesar de que la mayoría de dichos espacios  cubre funciones que el Estado no tiene capacidad de hacer.

Con este anuncio, los feminicidios en uno de sus niveles más altos y el cierre del programa de estancias infantiles, las mexicanas conmemoran dentro de dos días, el Día Internacional de la Mujer, una fecha que es referente de la lucha femenina a nivel mundial y que hoy parece que tiene más retrocesos que nunca.

La periodista y activista Sara Lovera ha sido muy clara en ese sentido al escribir el siguiente mensaje: “la transformación no se puede dar exponiendo a las mujeres ni retrocediendo a prácticas gubernamentales” y eso es justo lo que está pasando con el retiro de apoyos a las organizaciones que atienden a mujeres violentadas.

Porque justamente esta suspensión de apoyos a las organizaciones de la sociedad civil es una forma de retroceder y exponer a las víctimas a más violencia. Sólo quien no sabe lo que es ser expulsada a media noche del hogar familiar luego de una fuerte golpiza, o de tener que huir para salvar la vida, puede decir que un albergue no funciona, o que la atención a las víctimas se resuelve dándoles el apoyo personalmente. ¿Acaso el gobierno pretende que esas mujeres usen el dinero para pasar la noche en un hotel?

Tal vez medidas de este tipo puedan estar justificadas en otros terrenos, pero no se puede medir con la misma vara a organizaciones y personas que han lucrado con tragedias y a aquellas cuyas actividades diarias llenan los vacíos que el Estado deja sin atender.

Una mujer que ha sido víctima de violencia requiere mucho más que un apoyo económico para salir de la espiral de destrucción en que se encuentra, y el gobierno francamente se ha quedado corto en esa tarea, quizá porque aún cuando las mujeres representan el 50% de la población, los gobiernos en su gran mayoría siguen siendo encabezados por hombres.

Quizás se debe a que las mujeres que se encuentran en puestos de decisión no tienen la suficiente autonomía, y al ser subordinadas de un hombre no están en posibilidades de implementar una mejor atención, o simplemente es porque atender a este tipo de víctimas no resulta políticamente rentable.

A más de 100 años de que se instauró el Día Internacional de la Mujer, es mucho lo que el mundo le sigue debiendo a este sector de la población. Cierto que se ha avanzado en los macro temas, pero las preguntas ahora son: ¿cómo hacer para que las nuevas generaciones no toleren más los abusos sexuales o la pérdida de un empleo por un embarazo?, ¿cómo terminar con los secuestros de mujeres y los feminicidios?

Desde la semana pasada, investigadoras, funcionarias y activistas comenzaron la publicación de  artículos, comentarios y opiniones para recordar cómo fue que nació el Día Internacional de la Mujer, pero en ninguno de esos textos leemos propuestas para apoyar a las mujeres que aún siguen sin empoderarse, permitiendo que el marido determine el manejo del dinero, les prohiba una visita al ginecólogo, las golpee y las mire como parte de sus propiedades.

Porque es justo a ellas, y a las niñas y jóvenes, a quienes aún se les tiene que enseñar todo sobre la defensa de sus derechos, y eso dificilmente será una tarea que pueda hacer un gobierno que no destina recursos para atender el problema.

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