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Por una generación de niñas preparadas

Por una generación de niñas preparadas
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Nombras el árbol, niña.

Y el árbol crece, lento y pleno,

anegando los aires,

verde deslumbramiento,

hasta volvernos verde la mirada.

 

Nombras el cielo, niña.

Y el cielo azul, la nube blanca,

la luz de la mañana,

se meten en el pecho

hasta volverlo cielo y transparencia.

 

Octavio Paz

 

Nashieli Ramírez

El 19 de diciembre de 2011, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), aprobó la Resolución 66/170 en la que declaraba el 11 de octubre como el Día Internacional de la Niña, con el objetivo de reconocer los derechos de las niñas y los problemas excepcionales que ellas confrontan en todo el mundo.

Este año, la ONU enmarca esta conmemoración con el tema “Con ellas: una generación de niñas preparadas, atendiendo al precepto en el que actualmente la generación de niñas se está preparando para entrar en un mundo laboral “constantemente cambiante, marcado por la innovación y la automatización”, pues de acuerdo con el organismo,  existe una alta demanda de trabajadores cualificados, sin embargo, tan solo una cuarta parte de la juventud en el mundo (en su mayoría mujeres), tiene un trabajo, está estudiando o cursando alguna actividad de formación.

En México, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), hasta 2015, había en el país 19.4 millones de niñas y adolescentes, cifra equivalente a 16.2 por ciento de la población total, de las cuales 1.3 millones habitan en la Ciudad de México.

Uno de los entornos primordiales en donde las niñas debieran recibir las primeras herramientas para su preparación es la escuela, sin embargo, datos del INEGI indican que en las adolescentes entre 15 y 17 años, el analfabetismo asciende a 0.7 por ciento. En cuanto a la deserción escolar, a nivel nacional y para ambos sexos aún hay una tasa de abandono de .8% a nivel primaria, de 4.9% en la secundaria, 13.3% en la educación media superior y de 6.8% en la educación superior; en conclusión, sólo el 66.6% del alumnado concluye oportunamente el nivel de educación media superior (profesional técnico y bachillerato) de acuerdo al número de años programados.

Por su parte, el Módulo de Trabajo Infantil (MTI) del INEGI nos muestra que, conforme a datos del último trimestre de 2017, de la población femenina, poco más de un millón de niñas de 5 a 17 años no asisten a la escuela.  La deserción escolar necesariamente debe entenderse como fenómeno multicausal que ha tomar en cuenta la temprana segmentación de los roles de género, los estereotipos y la intersección entre el género y otras condiciones que influirán en el abandono de actividades escolares antes de terminar algún grado educativo. De esta manera, entre las adolescentes las causas que, institucionalmente se reconoce de no asistencia, se encuentra la falta de interés, aptitud o requisitos para ingresar a la escuela (35%); la falta de recursos económicos (15.5%); y las discapacidades (14.9%).

En cuanto a la falta de interés, aptitud o requisitos, existen varios aspectos sociales, culturales, económicos, psicológicos y de salud, que han de tenerse en consideración para matizar dicha causa. Esto es, la influencia positiva del medio familiar, educativo y comunitario, son motivadores para las adolescentes; por el contrario, la falta de apoyo del padre o de la madre, la baja escolaridad de éstos; las malas condiciones de las escuelas, en lo que respecta a instalaciones precarias, equipos obsoletos o ausencia de material didáctico; el acoso verbal o sexual, tocamientos sin consentimiento, agresión sexual, y violación; así como el embarazo adolescente, son causas de esta problemática que poco a poco se empiezan a visibilizar.  

La Tercera Encuesta Nacional sobre Exclusión, Intolerancia y Violencia en Escuelas de Educación Media Superior, mostró que el 80.1% de las estudiantes presentan algún indicio de tristeza o malestar en su estado de ánimo; el 67% pensó que no valía tanto como otras personas y tan solo un 69.2% expresó que se siente esperanzada sobre el futuro.

Por otra parte, la falta de recursos económicos es también un factor asociado al tema en comento, puesto que en caso de situaciones de pobreza o pobreza extrema se ha evidenciado que el trabajo es más valorado que el estudio, originando que las adolescentes se integren a la vida laboral, ya sea en el ámbito público o privado, reciban ingresos o no, descuidando sus estudios, pues muchas labores les implican horarios incompatibles con la vida estudiantil.

El MTI estima que el 75.5% de las niñas de entre 5 a 17 años realiza quehaceres domésticos, 8% de ellas en condiciones no adecuadas, esto es, niñas que participan en quehaceres domésticos no necesariamente para el consumo del propio hogar, por períodos prolongados y/o en condiciones que afectan su salud o integridad física. Entre las trabajadoras del hogar que participaron en una encuesta del Conapred en 2015, un tercio (36%) comenzó a trabajar siendo menor de dieciocho años; de hecho, una de cada cinco (21%) lo hizo entre los 10 y los 15 años, edades en las cuales el trabajo es ilegal. Es evidente que este no puede ser el futuro laboral deseado para alguna niña.

En cuanto al derecho a la educación inclusiva, la Suprema Corte de Justicia de la Nación informó a través del comunicado No. 123/2018,  que “todos los niños, niñas y adolescentes con discapacidad pertenecen y deben integrarse al sistema educativo “general u ordinario”–sin reglas ni excepciones–, por lo que cualquier exclusión con base en esa condición resultará discriminatoria y, por ende, inconstitucional”, y sostienen que “en el Estado mexicano no se puede concebir la existencia de dos sistemas educativos: uno regular, para todos los alumnos, y otro especial, para las personas con discapacidad”.

Si bien el derecho a la educación es una condición necesaria, no es suficiente debido a que no siempre son las mujeres quienes se inclinan con mayor frecuencia por las ciencias exactas o las ingenierías, influye la actitud del profesorado, de los alumnos y de las familias respecto a la idea de que las mujeres se involucren.

De acuerdo con el texto Las mujeres en la ciencia, en 1984 solo 283 mujeres pertenecían al Sistema Nacional de Investigadores (SNI); hoy en día, según datos del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) la cifra asciende a poco más de 7 mil mujeres, lo que representa el 34.9 por ciento de los integrantes del SIN.

Si bien han existido avances en materia de igualdad, en nuestro país continúa siendo un reto pedagógico involucrar a las niñas y adolescentes a la constante innovación que requiere este mundo; facilitarle programas educativos actualizados y dinámicos que mantengan su interés, a la par de una orientación vocacional adecuada y actividades formativas para la vida laboral.

En el Día Internacional de la Niña, es fundamental reconocerles como personas sujetas de derechos, trabajar en la erradicación de las barreras que limitan su acceso al conocimiento, a la educación integral, al desarrollo sostenible; esto es, se vuelve impostergable asegurar el logro de su autonomía y el ejercicio de derechos para tener una vida digna en el presente y en el futuro.

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