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Rostros ocultos en el camino de Ebrard

Rostros ocultos en el camino de Ebrard
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Elena Chávez González

Si alguien cree en las buenas intenciones de Marcelo Ebrard para hacer brillar internacionalmente a su jefe, no cabe duda que ese alguien es ingenuo.

Marcelo tiene en mente un objetivo: ser presidente de la República. Para lograrlo ha empezado a meter a la Secretaría de Gobernación, Seguridad Pública, Consejería Jurídica y a la Cámara de Diputados a sus colaboradores cercanos, con la instrucción de “trabajar” políticamente todos sus objetivos.

El ex jefe de gobierno capitalino tiene dos posibilidades de ocupar la silla presidencial: una, a través de un interinato, y, la otra, como candidato de Morena en 2024.

Cercanos al próximo canciller aseguran que existe un acuerdo “muy calladito” entre Ebrard y Andrés Manuel López Obrador para que en unos meses más renuncie a la cancillería y ocupe el lugar que actualmente dice tener Olga Sánchez Cordero como secretaria de Gobernación.

La jugada es simple: en caso de que López Obrador no pudiera continuar, por cuestiones de salud como jefe del Ejecutivo federal, Marcelo Ebrard en su calidad de responsable

de la política interior ocuparía la Presidencia con el apoyo y respaldo de dos personajes que le deben lealtad por las ganancias económicas que obtuvieron en su administración: Mario Delgado, coordinador de la bancada morenista en la Cámara de Diputados, y Julio Scherer.

En la vieja casona de Bucareli estará otro de sus allegados, el ex de- legado en Iztapalapa, Jesús Valencia, quien por órdenes superiores se ha mantenido con bajo perfil desde que fue enviado por su jefe al estado de Chihuahua a crearle estructura electoral al hoy presidente electo López Obrador.

Valencia quiere y piensa que ocupará la Dirección del Instituto Nacional de Migración, que mantiene estrecha relación con Relaciones Exteriores, donde despachará temporalmente Ebrard; es decir, la telaraña se teje.

En caso de que la salud de Andrés Manuel López Obrador no se viera menguada ante la intensa actividad, presiones, compromisos y giras que tendrá a partir del primero de diciembre, entonces Ebrard esperará los tiempos electorales para ser el próximo candidato presidencial de Morena.

El show mediático que ha protagonizado el también ex diputado federal en su calidad de próximo secretario de Relaciones Exteriores, tanto en la negociación del Tratado de Libre Comercio (hoy Acuerdo Comercial Estados Unidos-México-Canadá), como en la relación con Donald Trump y en la invitación de mandatarios de otros países a la toma de protesta de López Obrador como presidente de la República tiene su fin: que nadie, mucho menos Ricardo Monreal, le haga sombra.

El asunto es que, como en 2006, podría surgir un cambio de panorama no muy grato para Ebrard, porque en esta historia hay muchos rostros ocultos.

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