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Ser joven no es suficiente…

Ser joven no es suficiente…
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Por Abraham Lorenzo Resendiz

Como jóvenes cometemos el gran error de pensar que, por el simple hecho de serlo, estamos del lado correcto de la historia, pecamos de soberbia al creer que solamente por ser jóvenes hacemos todo de la manera correcta al querer comernos el mundo.

Vivimos una época en la que todo parece sencillo, podemos tener el universo en las manos al “googlear” lo que se nos plazca, somos aquellas personas que al entrar a la universidad queremos cambiar al mundo, podemos llegar a pensar que cinco minutos después de la graduación, el mundo será un lugar mejor gracias a nosotros. Precisamente eso es lo mejor de ser joven, que nuestras ilusiones y convicciones siguen intactas, estar convencidos de que podemos cambiar todo lo malo de nuestro país para convertirlo en aquel México que todos soñamos, es lo mejor que podemos hacer. En la juventud todos queremos acabar con la corrupción, la pobreza, el hambre del niño del semáforo, anhelamos con viajar por todo el mundo para ver las grandes creaciones del Señor, juramos que seremos los mejores profesionistas, pero sobre todo, que seremos la generación del cambio.

Sin embargo, un sueño es lo más fácil de corromper, aún siendo “aquellas personas que cambiarán al mundo” nos dejamos llevar por la ambición de los que nos preceden, como dicen, nos convertimos en aquello que juramos destruir, es muy fácil dejar a un lado nuestros ideales por querer encajar en un partido político, una empresa, un banco o a cualquier otro sitio al que queramos pertenecer. Pareciera universal la frase “uy, joven, así es el sistema y usted no lo cambiará” y nos dejamos llevar por aquellas enseñanzas que lejos de llevarnos a cumplir nuestras metas, a través de los ideales, nos convertimos en un peón más de un sistema que nos pudre poco a poco.

La trinchera en la que decidí luchar es la esfera política porque considero que es ahí donde, de forma contundente, se puede impactar en la vida de millones de personas y en el futuro de un país, al llegar aquí me encontré con gente extraordinaria a la que admiro, gente de todos los partidos políticos y de asociaciones civiles que día a día luchan y se preparan por un mejor México que el que podemos ver, al entrar ahí te das cuenta que no estás solo y que hay muchísimos jóvenes más que comparten tus ideales.

También es triste encontrar a jóvenes que un día dijeron que cambiarían al país pero que ahora tienen las mismas mañas que sus padrinos políticos, esto hace que la vieja política se meta en carne fresca y se siga perpetuando el ciclo corruptor, acumulación y ambición de poder, clientelismo, destrucción de los grupos contrarios y la continuidad de los caciquismos.

No basta con ser joven, hay que pensar y actuar como uno, dejar atrás esa enseñanza del tan gran adorado Maquiavelo cuando dice que se tiene que elegir entre el cielo o la política porque no se pueden tener ambas. Hay que ver a la política como el arte del bien común, como el mejor instrumento que cada persona, en pro de la sociedad, puede usar para su felicidad, que como Aristóteles decía, debe ser nuestro fin.

Basta de que los jóvenes pensemos como viejos y construyamos una nueva forma de hacer política, no solo pasar una estafeta rancia de una generación a otra.

El autor es presidente de Diálogos CDMX.

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