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Un buen fin de oxígeno puro

Un buen fin de oxígeno puro
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Pablo Trejo

En los Estados Unidos, cada cuarto jueves de noviembre se celebra el Día de Acción de Gracias. El día siguiente se desarrolla un acontecimiento esperado por todos los compradores y vendedores, que se vuelcan a las tiendas en la búsqueda de las ofertas del “Black Friday”. Ese viernes de cada año, se registran el mayor número de transacciones y se mueve la mayor cantidad de dinero en la economía de nuestros vecinos del norte.

Desde hace algunos años, y tratando de emular los mismos resultados económicos, en nuestro país se lleva a cabo “El Buen Fin”. Durante un fin de semana, parecería que a los mexicanos se nos olvidan la crisis, la sensatez y la prudencia, y nos volcamos a las tiendas de manera masiva y compulsiva a satisfacer nuestros instintos consumistas.

Como lo hemos afirmado en entregas anteriores, el Producto Interno Bruto (PIB) es la forma mayormente aceptada para medir el tamaño de las economías. Año tras año, las predicciones sobre el crecimiento del PIB ocupan los titulares y se convierten en el elemento central de la discusión económica y política.

El PIB se puede medir de distintas formas, aunque la que utilizamos en nuestro país, es la que suma al consumo privado, la inversión, el gasto público y la diferencia resultante de nuestras exportaciones y nuestras importaciones. En los últimos años, el crecimiento promedio del PIB ha rondado el dos por ciento anual, y el futuro inmediato no parece ser optimista. Cuando se pusieron en marcha las Reformas Estructurales, se anunció que, como resultado de su aplicación, nuestro PIB crecería de manera constante hasta acercarse al cinco por ciento anual, lo que evidentemente ha estado muy lejos de la realidad.

Por otra parte, los anuncios de las medidas de austeridad, lo que, aunado a la decisión del cambio de la sede del nuevo aeropuerto, ha puesto presión al PIB, ya que ambos anuncios, modifican la tendencia del gasto público a la baja. En ese mismo sentido, y en caso de que esas medidas no sean debidamente procesadas con la iniciativa privada, se generará una desconfianza que puede afectar al número de inversionistas dispuestos a mover sus capitales hacia nuestro país. Si la inversión registra bajas, se generará una presión adicional al PIB.

Si dos de las cuatro variables que integran el PIB registran disminuciones (Inversión y Gasto Público), resulta indispensable que las otras registren alzas importantes para equilibrar la balanza. Paradójicamente, entre más caro sea el dólar, disminuirán nuestras importaciones, y en sentido inverso, crecerán nuestras exportaciones. Si nuestra moneda continúa depreciándose como lo ha hecho en las últimas semanas, nuestras exportaciones generarán un superávit en nuestra balanza comercial, y eso será benéfico para el PIB.

Una lógica similar se puede aplicar a la variable de consumo. Si el Buen Fin resulta un ejercicio exitoso, las ventas al menudeo recibirán un impulso inusitado, y si a ello le sumamos el aumento de ventas debido a la temporada de fin de año, el consumo global impulsará al PIB hacia arriba.

La verdad es que frente a la incertidumbre económica de los últimos días por los anuncios del Presidente electo y por la iniciativa de ley presentada por Ricardo Monreal en el Senado de la República, la cual es una amenaza para las ganancias de los bancos, El Buen Fin es un bálsamo, ya que además de los beneficios directos que arroja a nuestra economía, genera en la sociedad una especie de optimismo y bienestar, lo que es una gran fuente de oxígeno para quienes conducirán los destinos de la cuarta transformación mexicana.

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