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TROYA / Permiso de muerte para… ¡animales!

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Por Elena Chávez González

Si resulta inadmisible la pena de muerte entre humanos ¿por qué se tolera su aplicación contra animales, seres indefensos que no han cometido delito alguno? ¿Hasta cuándo permitiremos que la irresponsabilidad de ciudadanos y autoridades siga cobrando la vida de perros y gatos que son electrocutados clandestinamente?

La reciente matanza de perros y gatos en la clínica veterinaria delegacional en Tláhuac es altamente condenable desde donde se le mire: atenta contra la vida de animales que en esta ciudad ya se les reconoce, en la Constitución local, como seres sintientes, y echa a la basura el esfuerzo que por años hemos emprendido la sociedad civil para que la electrocución no sea el método ante la sobrepoblación canina y felina.

Es justo decirlo: la muerte de estos animales de compañía revela la indiferencia que ha campeado por décadas y por diferentes gobiernos de esta ciudad en la aplicación de políticas públicas que eviten la reproducción, explotación, abuso y maltrato hacia nuestros compañeros de vida. ¡Qué fácil es exterminarlos!

La negativa del gobierno central a destinar presupuesto para programas de prevención, como es la esterilización animal, lo llevó hace décadas a descentralizar los antirrábicos, salvo los de Taxqueña y Gustavo A. Madero, a las delegaciones para que, equivocadamente, se responsabilizaran de estos espacios donde priva la pena de muerte de seres inocentes e indefensos que son donados por los “humanos razonables” o los que viven en la calle a consecuencia del abandono.

Con toda veracidad sostengo que la corrupción entre autoridades, explotadores y ciudadanos es la culpable de que se asesine sin piedad a miles de animales anualmente en estas mal llamadas clínicas veterinarias delegacionales, con excepción de Iztapalapa, que los ha hecho visibles no sólo esterilizándolos, también combatiendo la crueldad con la que han sido tratados al ser capturados, ingresados y matados en esos inmuebles que, exigimos, deben desaparecer de inmediato.

Pregunto, una y otra vez: ¿por qué es inadmisible la pena de muerte de delincuentes que violan niños y niñas, secuestran y mutilan a sus víctimas, desaparecen estudiantes y de cárteles de las drogas que ejecutan personas? En estos personajes la pena capital no es la solución para frenar la delincuencia, han dicho hasta el cansancio defensores de derechos humanos ¿pero sí funciona para controlar la sobrepoblación de animales de compañía?

Nada más falso y ruin, matan y matan perros y gatos, cuando la solución es sancionar con severidad a quienes no ejercen una tutela responsable, a quienes los explotan, a quienes los donan, a las autoridades cómplices que han creado toda una industria de venta legal e ilegal a cambio de “moches”.

Muestra también la hipocresía de las actuales autoridades delegacionales que, en pleno proceso electoral, traen el eslogan “Innovación y Esperanza”. ¿Innovar es aplicar técnicas anacrónicas que han sido condenadas mundialmente? ¿Esperanza es confiar en estos políticos que prometen soluciones tomadas con el corazón cuando entre cuatro paredes sacrifican cachorros provocándoles angustia y un dolor indescriptible mientras los mojan para colocarles pinzas en anos y lenguas soltándoles la primera, segunda o tercera descarga eléctrica?

La electrocución de perros y gatos en esta delegación, gobernada por el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), nos exige a todos los que defendemos la vida de estos animales a reflexionar si el voto que emitiremos el próximo primero de julio condenará, aún más, a estos seres sintientes a seguir siendo víctimas de personajes mentirosos, insensibles y ambiciosos que sólo en elecciones posan al lado de un perro para granjearse nuestra simpatía.

Sirve su muerte para exigir a las autoridades delegacionales y al gobierno central informe de cuántos y cómo han sido sacrificados los perros y gatos capturados en situación de calle y donación, toda vez que la ley prohíbe esta práctica inhumana, inmoral y del todo alejada a los valores que nos hemos propuesto alcanzar como sociedad.

Resulta inadmisible la pena de muerte para los animales, seres sintientes que también son merecedores de derechos, quizá mucho más que los humanos.

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