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InterSecciones / Eco en la Casa Blanca

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Fulvio Vaglio

Tenía razón Umberto Eco en señalar que “un signo es todo lo que puede ser usado para mentir”. Han pasado tres días desde que el New York Times publicó la columna de opinión (Op-Ed) anónima sobre el trabajo clandestino que un grupo de altos funcionarios dice llevar a cabo en la Casa Blanca para reducir los riesgos que el errático Presidente representa para el país (“hasta que ya no esté al mando, de una u otra manera”, recita el texto). Se ha desatado la furia de Trump, quien ha tuiteado que el periódico tiene la obligación de revelar quién es “Anonymous” y que éste debería estar en la cárcel por traición. Se ha propuesto que el staff de la Casa Blanca sea sometido al polígrafo (todavía no han hablado del barbital pentasódico, el “suero de la verdad” de las películas de espionaje: lo que no quiere decir que no lo piensen).

A la fecha, veintisiete altos o altísimos colaboradores de Trump han firmado una declaración diciendo que ellos no han escrito la columna. Muchos de ellos han expresado indignación por el “ataque cobarde” al presidente.

Los analistas con memoria han recordado que, cuando el escándalo Watergate, una cacería de brujas parecida se había desatado acerca de quién podía ser el informador secreto de Bob Woodward: el número dos del FBI, William Mark Felt, fue entre los que negaron toda responsabilidad, hasta que tres décadas después se confirmó que, efectivamente, él había sido “Garganta Profunda”: así que la negación de los veintisiete no quiere decir nada y podría ser contraproducente.

Mientras tanto, los expertos en análisis del discurso han buscado señales en la redacción del artículo, que puedan orientar el juego de las sospechas en uno u otro sentido. Que se usa la expresión “estrella polar” (lodestar) y que ésta es una metáfora favorita de Mike Pence: ¿sería el vicepresidente “Anonymous”? Que otras expresiones indicarían una formación militar: ¿serían John Kelly o James Matis, ambos generales, que han decidido tirar un torpedo bajo la línea de flotación de la presidencia? Que el estilo en general de la declaración es más femenino que masculino (no entiendo por qué lo dicen, pero lo han dicho): ¿podría ser Kellyanne Conway, harta de que a su marido se le prometan altos puestos en Departamento de Justicia y nunca se lo cumplan mientras que a ella sí, provocando ruidos de malfuncionamiento en su matrimonio?

La primera impresión es que el pánico está cundiendo en el Ala Oeste de la Casa Blanca; lo que implicaría que Anonymous ha leído bien a Umberto Eco, ha estudiado a conciencia el lenguaje de sus colegas y ha producido un documento destinado a provocar un clima generalizado de sospecha mutua. Sin embargo, puede haber otras lecturas (finalmente, la semiótica es la ciencia de las interpretaciones posibles): por ejemplo, la que Whoopi Goldberg (la actriz y activista de derechos civiles) ha propuesto en el programa “The View” del que es anfitriona en ABC News. Whoopi ha dicho, con prudencia, que hay “algo que huele mal” en esa publicación, que el “timing” es sospechoso y que el resultado final podría ser el opuesto de lo que parece.

El 4 de septiembre, el Washington Post había publicado avances del libro de Bob Woodward “Fear” (Miedo), sobre el clima instaurado por Trump entre sus colaboradores. Éstos avances también habían provocado la furia del presidente. Con una diferencia: que el libro sí está firmado (sale a la venta este martes 11 de septiembre, fecha nada casual), que Bob Woodward es conocido y respetado en el ambiente periodístico y tiene fama de verificar quisquillosamente las fuentes que cita, y de grabar las conversaciones que comprueban sus declaraciones. Si Woodward cita al general Matis declarando que Trump tiene la inteligencia política de un niño de diez u once años, o que Kelly lo ha llamado “un idiota”, o que su abogado anterior, John Dowd, le había aconsejado no declarar frente a la comisión Mueller porque terminaría por cometer perjurio, o que Gary Cohn y Rob Porter quitaban documentos de su escritorio para que no los firmara; o que el propio Donald Trump considera que “Miedo” es el atributo más importante del poder. si Bob Woodward dice eso, mucha gente tiende a creerle.

Agreguémosle que quince días antes había salido a la luz el libro de Omarosa Manigault sobre Trump, “Desquiciado”; que el 3 de septiembre habían empezado las audiencias en el Senado para ratificar o no la nómina de Brett Kavanaugh (el candidato de Trump a la Corte Suprema), en medio de fuertes demostraciones dentro y fuera de la sala; y que los candidatos demócratas con un marcado estilo disruptivo van ganando las primarias en contra de sus colegas más prudentes, con vista a las elecciones de este 6 de noviembre.

Al día siguiente, sale el op-ed en el New York Times y se desata la cacería al responsable. Dice Whoopi que podría ser un golpe orquestado desde la mismísima Casa Blanca para presentar a Trump como la víctima de una conspiración y reforzar en la base republicana la necesidad de defenderlo a toda costa.

Finalmente, sólo faltan dos meses para el 6 de noviembre y los republicanos ya están profetizando que, si pierden la mayoría en el Congreso, se abrirán las puertas para la destitución de Trump. Definitivamente, los signos pueden servir para mentir, y en más de un sentido.

*Semiólogo, analista político, historiador y escritor.

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