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¿SUMISIÓN ANTE LO QUE (SE SUPONE QUE) VIENE?

¿SUMISIÓN ANTE LO QUE (SE SUPONE QUE) VIENE?
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POR: HUGO MORALES G.

 

Existe en el ambiente social una especie de aceptación de “lo que viene”, una especie,para unos, de derrota, y para otros, de festejo.

Unos creen que Andrés Manuel López Obrador se encamina a un triunfo contundente, y otros se preparan para lo que viene.

¿Pero qué viene?

En caso de que López Obrador triunfe, debemos tener en claro una cosa: ganará el gobierno, no el Poder. El Poder es otra cosa. Será administrador del gobierno federal, y desde ese espacio estará en condiciones de llevar a cabo acciones en materia presupuestal y en política social; por ejemplo, podrá formular políticas públicas que, a su muy personal estilo de gobernar, beneficiará a sectores de la población. Esto último es algo que no podemos negar y que incluso ha sido replicado en diversas entidades del país.

Seis años son pocos para cambiar el estado actual de cosas. El discurso simplista puede decir otra cosa. La realidad no la va a cambiar, y menos si persiste en pelear.

No se le puede pedir visión de estadista a quien no la tiene. Es, valga la redundancia, colocar todas las esperanzas en él, como las colocaron en Vicente Fox, quienes pensaron que con el llamado “voto útil” estaban cambiando 70 años de historia y nunca alcanzaron a entender que una alternancia no es una transición.

La alternancia pudo haber sentado las bases para la transición democrática, lo cual no sucedió. ¿De dónde podemos suponer que un posible gobierno federal de López Obrador será diferente a lo que su huella autoritaria dejó en el entonces Distrito Federal, hoy Ciudad de México? Gobernó a placer y nadie discrepó de él.

Corrupción, autoritarismo, nepotismo, favoritismo -hasta la esposa de su ex Oficial Mayor, fue hecha intrascendente diputada federal; su chofer con salario de subsecretario, y luego colocado como responsable de la seguridad estatal en Tabasco, por decir algunas cosas-. Marcelo Ebrard Casaubón, lejos de asumir las consecuencias del linchamiento en Tláhuac de dos policías federales, fue colocado como secretario de Desarrollo Social desde donde se catapultó a la Jefatura de Gobierno.

Tomás Zerón de Lucio es el peor ejemplo del favoritismo presidencial, sin importar el dolor de las víctimas. Luego de alterar y sembrar pruebas en el Río San Juan, para distorsionar los hechos de Ayotzinapa, fue separado de la Agencia Federal de Investigaciones (AFI) durante dos horas, tiempo en el cual el presidente Enrique Peña Nieto lo designó Secretario Técnico del Consejo de Seguridad Nacional, una entelequia presidencial para protegerlo y tenerlo en la cercanía de Los Pinos.

¿Qué es lo que esperamos sobre Ley de Amnistía, si ninguno de sus voceros y personeros sabe a qué se refiere? Ni Olga Sánchez Cordero, ni Martí Batres, Germán Martínez, Tatiana Clouthier o Alfonso Durazo alcanzan a entender y mucho menos a explicar en qué consiste su ofrecimiento de liberar a criminales y narcotraficantes.

Pero ninguno es capaz de decir públicamente que está en un error. Si acaso balbucean que no serán amnistiados quienes hayan sido condenados por crímenes de lesa humanidad o delitos graves en materia de derechos humanos.

¿QUÉ ESPERAMOS DE QUIEN NO ENTIENDE QUÉ ES EL SISTEMA INTERAMERICANO Y EL DE NACIONES UNIDADES DE DERECHOS HUMANOS? A LO MÁS QUE LLEGA ES A ENFERMIZAS VISIONES DE JOHN ACKERMAN, SU LOCUAZ ESPOSA IRMA ERÉNDIRA SANDOVAL O SU HERMANO NETZAI.

Netzai Sandoval fue quien acompañó a López Obrador a Estados Unidos para demandar castigo contra Felipe Calderón Hinojoza por delitos de lesa humanidad. ¿Pero, de qué hablamos, si AMLO dice que no hay normatividad constitucional que permita el juzgamiento de un presidente de la República?

Un Ackerman que no se dolió ante la tragedia del 19 de septiembre del 2017, y se lamentaba que mientras la gente en tierra lloraba por sus muertos y heridos, él les pedía con un “ya supérenlo -como Peña Nieto a los padres de los 43-, que valoraran la belleza de la Ciudad de México. Porque en su vuelo de regreso, le pareció bella una ciudad que aún desde el aire y peor en la tierra, las imágenes eran de dolor ante las humeantes y polvosas construcciones que se habían derrumbado con vida dentro.

¿Les daremos Leche Betty a las y los infantes para ser los revolucionarios del futuro? Batres tan sonriente como cínico, podría ser el próximo secretario de Salud. ¿No es médico ni sabe nada? No importa, es de quienes han hecho de la genuflexión su forma de vida. Así lo hizo y rompió con René Bejarano -su paraguas político-; así lo hizo con Marcelo Ebrard, su también protector y empleador que cuando osó saludar a Peña Nieto, se declaró en franca rebeldía, retando su autoridad para no entregarle su renuncia solicitada.

Curioso, hoy regresa al cobijo de Bejarano y de Marcelo en Morena. La república de la risa.

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